martes, 24 de febrero de 2015

Hoy la poesía se viste de AMOR

Hace unos días releí un libro de poemas que tenía en mi casa que, en un principio, lo había dado por perdido. Cuando lo acabé no pude evitar leerlo de nuevo, ya que muchos de esos poemas han sido parte de mi vida, de cuando iba al instituto y teníamos que analizarlos rigurosamente. Al terminar el libro, por segunda vez, no me cabía la más mínima duda de afirmar que la poesía es necesaria en mi vida. A raíz de este afán he recopilado un surtido de obras maestras que me han conmovido, alterado, influenciado. Y sé que me dejo a muchos grandes poetas por el camino, pero elegir a todos significaría hacer un post interminable.

Dicho esto, espero que disfrutéis con mi selección. Quizá otro día comparta un post con aquellos que se han quedado por el camino. 




1. Soleares, Seguidillas y otras Coplas

Cuando a tu cara me acerco,
las palabras, en la boca,
se me convierten en besos.

Cuando me miras, me matas...
Y si no me miras, más.
Son puñales que me clavas
y los vuelves a sacar.

Cuéntame tus penas,
te diré las mías...
Verás cómo al rato de que estemos juntos
todas se te olvidan.

El cariño y la salud
en un punto se parecen.
Nadie sabe lo que valen
hasta que después que se pierden
Manuel Machado 
2. El Desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».
 
Luis Alberto de Cuenca

3. Oda a la tristeza
Tristeza, escarabajo
de siete patas rotas,
huevo de telaraña,
rata descalabrada,
esqueleto de perra:
Aquí no entras.
No pasa.
Ándate.
Vuelve
al sur con tu paraguas,
vuelve
al norte con tus dientes de culebra.
Aquí vive un poeta.
La tristeza no puede
entrar por estas puertas.
Por las ventanas
entra el aire del mundo,
las rojas rosas nuevas,
las banderas bordadas
del pueblo y sus victoria.
No puedes.
Aquí no entras.
Sacude
tus alas de murciélago,
yo pisaré las plumas
que caen de tu mano,
yo barreré los trozos
de tu cadáver hacia
las cuatro puntas del viento,
yo te torceré el cuello,
te coseré los ojos,
cortaré tu mortaja
y enterraré, tristeza, tus huesos roedores
bajo la primavera de un manzano.
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:
quiero la luz y el trigo de tus manos amadas
pasar una vez más sobre mí su frescura:
sentir la suavidad que cambió mi destino.
Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,
quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,
que huelas el aroma del mar que amamos juntos
y que sigas pisando la arena que pisamos.

Quiero que lo que amo siga vivo
y a ti te amé y canté sobre todas las cosas,
por eso sigue tú floreciendo, florida,

para que alcances todo lo que mi amor te ordena,
para que se pasee mi sombra por tu pelo,
para que así conozcan la razón de mi canto.
Pablo Neruda

4.  Cultivo una Rosa Blanca

Cultivo una rosa blanca
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca. 
José Martí

5.Nadie está solo

En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel,cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?
Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.
José Agustín Goytisolo



6.Romance luna, lun
A Conchita García Lorca
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Níno, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

    El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

  Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

  ¡Cómo canta la zumaya,
ay cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

  Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.

El aire la está velando 
Federico García Lorca

7. Rima XIII
Tu pupila es azul, y cuando ríes,
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.
Tu pupila es azul, y cuando lloras,
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.
Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea
me parece, en el cielo de la tarde,
¡una perdida estrella!
Gustavo A. Bécquer
8. Rima XXI
- ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul-;
 ¿Que es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
Gustavo A. Bécquer

9. Rima XXIV

Dos rojas lenguas de fuego
que, a un mismo tronco enlazadas,
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama;
dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan;
dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata;
dos jirones de vapor
que del lago se levantan
y al juntarse allá en el cielo
forman una nube blanca;
dos ideas que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden,

eso son nuestras dos almas.
Gustavo A. Bécquer

10. Rima XCI
Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse

la llama de tu amor...
Gustavo A. Bécquer
11. Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Poema 1


Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,

y la fatiga sigue, y el dolor infinito. 
Pablo Neruda

12. Fin de año 

En un par de días acabará este año
y comenzará uno nuevo,
el primero en que ya no te necesite.

Conduzco el pasado con calma hasta el desguace
y la verdad es que no sé si me alegra del todo
saber que me ha llevado cinco años
superar algo que entendí en cinco minutos:
que nuestra historia era imposible
como mirar la silueta de la lluvia.
Pero ya ves, nunca he sido diestro
en las tareas del olvido,
nací sin saber descifrar bien
la caligrafía de un adiós.

Resulta agotador que en nuestras cabezas
siempre tenga que ser todo para siempre,
y es jodido entender que formo parte
de ese ejército de hombres tristes
del que suelo hablar en los poemas cuando no hablo de mí.

Y no es hablar de una edad en que
el sudor dictaba el horario de las sábanas
ni de tu dulce recuerdo
cuando me hacías el amor en la cocina.
No es eso. No siento nostalgia de ti,
sino nostalgia de mí,
del chico que se atrevía
a tener una cita a ciegas con su destino
y volvía, quizá golpeado, pero convencido.

Buscábamos olvidar y lo logramos.
Aquí te dejo la herida de la victoria,
de entender que ese olvido
es saber que en el fondo
no fue posible nuestra historia
y que ahora hay que desaprender el camino
que conduciéndome a esa ciudad llamada nosotros

me llevó tan, tan lejos de mí.
Marwan

13. Doble o nada

Todos estamos enamorados. 
Solo algunos estamos despiertos.

El amor es un paréntesis abierto
Elvira Sastre

14. El día y la noche

Tú me entiendes mejor que la noche. Me crees cuando te digo que estoy cantando a pulmón, mirándote a los ojos intensamente. Tú me entiendes cuando haces burbujas rosas con jabón de manos y  me las envías para que las explote.

Tú me entiendes cuando pides dos cafés con mucha leche, edulcorando mi paladar con dos pastillas. Me sigues la corriente cuando voy volando rápido con el paraguas y el chubasquero, porque sabes que si no me coges, camino. Tú me entiendes cuando escribes mis poemas a lápiz y me regalas la libreta, comiéndome a besos nocturnos.
Tú me entiendes porque crees en lo imposible cuando me tocas la cara con las manos frías y me calientas los mofletes. O cuando me tocas los dedos con la palma de la mano abierta mientras observas mi sonrisa blanca, ilusionada y tímida.

Tú me entiendes mejor que la noche. Vuelves a inquietarme con tus dudas y reflexiones, con tus respiraciones fuertes y tus silencios longevos. Me crees cuando te digo que te quiero, que me vuelves loca cuando reapareces cuarenta y ocho horas después y
me traes bombones en una bolsa azul. Me crees cuando te digo que te quiero conmigo, en la calle o en el cine, en cualquier lugar insólito.

Tú me entiendes aun lo incomprendido de las palabras, aun los versos formando bombas atómicas, aun leyendo jeroglíficos anticuados. Tú me entiendes mejor que la noche; por eso el día soy yo. 


Angie R.


He introducido a modo de conclusión un poema que hice hará ya unas semanas. Aparte de este, tengo otros que iré compartiendo a medida que pase el tiempo. Espero que os guste, aunque soy consciente de las faltas que pueda tener y de que muchos no entendáis algunas líneas (estoy dispuesta a explicar lo que haga falta). Estoy comenzando y sé que con el tiempo mejoraré,pero primero debo pasar por la cola de los incomprendidos- e inconformistas-.  

martes, 13 de enero de 2015

Errare humanum est

“Si no respiro es por no ahogarme” Vetusta Morla.
Mar. Silencio. Olas. Peces. Barca. Agua. Viento. Luna. Sol.
Estoy sola en mitad del Océano Atlántico. Llueve, sopla el viento y las nubes están furiosas esta larga e inquietante noche. Solo oigo las gotas de agua que chocan intensamente con su océano. Mi mente se queda en negro; mi cuerpo paralizado. La tormenta regresa con mucha más fuerza e invade mis horas de sueño.
En este momento mi aliento se acelera y expulsa en cada milésima de segundo el miedo que habita en mí. No sé exactamente cuánto viviré; mi comida se acaba, el agua, mi energía. Solo puedo intentarlo. Intentar vivir, tener fe y esperanza y, sobretodo, no perder de vista la estrella Polar.
Por la mañana veo el Sol amanecer frente a mí. Su luz calma mi frialdad, la angustia de la noche anterior. Es curioso observar que el día pasa tan rápido que ni siquiera puedo relajarme; y la noche tan lenta que apenas puedo dejar la mente en blanco.
Calor. Tengo mucho calor - << no puedo más, no puedo más…>> - y no encuentro el maldito sombrero- quizá se me habrá caído, o tal vez ya lo perdí en el crucero-. Es mediodía y enseguida el Sol me dejará. Paso mi momento preferido del día mirando hacia un lado, mirando hacia el otro; pero lo único que puedo ver es un infinito lago azul precioso y salvaje. En efecto, estoy completamente sola. A veces, durante el atardecer, el miedo se adelanta debido a que la noche se aproxima. Invade mi tranquilidad interior y me persuade incómodamente.
<<¡Qué hijo de puta que es el miedo! >> .
Luna. Querida Luna, ven a mí y alúmbrame un rato. Hoy que el mar duerme cómodo quiero tener tu presencia conmigo, hablarte de mis pesadillas y de esos sentimientos que me cuesta recordar. Al menos hoy, mi corazón emula una especie de latido agradable que alguna vez tuve. Te voy a confesar, querida, que una vez me enamoré aunque no fue correspondido. Cuando me fui de crucero mi ilusión se volvió melancólica, y pensé que jamás vería en mi lo que yo veía en él. Triste. Pero todo cambió cuando entre las páginas de mi libro vi una carta, una carta de amor para mí. ¡Y era de él! Entre tanta poesía, había una frase que llamó mi atención: “…si no respiro es por no ahogarme”. Sigo sin entender qué quería decirme, pero ya nunca lo sabré… ¡No debí subirme al barco! Ahora él pensará que habré muerto, como la mayoría. Pero mejor que sepa eso porque es muy probable que muera en el intento de buscar ayuda.
Día. Sol y calor. Amanecer, qué bonito nombre tienes. Creo que es el momento del día donde el Sol y la Luna evitan saludarse: uno aparece, otra se marcha. El Sol es magnífico porque sabe que odio el frío. Por eso me mima tanto, aunque muchas veces me asa de calor. Aun sintiéndome desesperada, sin él ya habría muerto en vano.
Me desplomo en el océano y es una sensación brutal. Siento su dulce movimiento rozando mi piel, transportándome, como un bebé, hacia otros despertares. Creo que es el mejor momento que he vivido hasta ahora. No sabía que el mar daba tanta felicidad.

Cuando me doy cuenta veo mi diminuta barca a muchos metros de donde me hallo.   
- ¡Mierda!, pensé. Nado rápido, muy rápido, con la poca fuerza que queda en mí. Y cuando llego me derrumbo entre la vieja madera del interior. Necesito respirar con intensidad, pero no puedo, pues no quiero ahogarme aún. Río. Es extraño pero solo tengo ganas de reír. Estoy en un momento donde mil cincuenta sentimientos florecen desde mi interior. Curioso. Me siento como haber vivido una aventura peligrosa- aunque parezca una situación bipolar, creo que es algo positivo, pues reír es un guiño de felicidad, de plenitud; y es algo que ahora mismo me viene como anillo al dedo-.
Noche. Hoy es la octava noche que el buque de crucero se inundó. Hoy es la octava noche que sigo con vida, gracias a Dios. Y hoy es la octava noche que existe mi ser, mi mente y mi razón.
Pero mi cuerpo cada vez se encuentra más cansado, indispuesto y dañado. Mi mayor miedo, a lo que más temo, se habita en el interior de este océano. Los devora-hombres, los reyes misteriosos, los magnates de la oscuridad. Pero no quiero pensar en eso; no ahora.
Hoy por la mañana me he dedicado a pescar, pues he observado que el mar estaba agitado así que he visto perfectamente un banco de peces y, gracias a una red de supervivencia, he podido pescar uno. Ahora toca sufrir por sobrevivir. Vomito de entrada pensar que ese pez, crudo, irá a mi estómago. Qué asco. Pero la realidad es que sino moriré de verdad.
<>
Me he quedado sin agua. Ahora mi vida está en manos de Dios. Comer ese pez ha sido lo más repugnante que he hecho en mi vida, pero no podía aguantar más; me hubiese comido mi zapato, en todo caso. Las nubes se ven tristes y eso quiere decir que pronto empezará la tormenta. Una noche más, el miedo me atrapará.
Necesito luz, brillo incandescente, para saber que no estoy sola. Mientras tanto, la lluvia va cayendo y mojándome con mucha intensidad. -Otra vez no…, pienso en silencio.
¡Qué cojones pasa! Esta vez son olas gigantescas, van a derribar mi barca. No, no quiero morir… - ¡Socorro, Socorro! ¡Ayuda, por favor! No puedo más, por favor, ayúdenme, por favor…

<< Me sumerjo lentamente. Apenas puedo mover un dedo porque algo me está absorbiendo hacia las profundidades. Nunca quise imaginar este momento, pues evitaba respirar para no ahogarme. Pero es inútil luchar con mi sufrimiento, ya que éste supera mi fuerza, mi lucha interior. Así, sin más demora, no puedo evitar respirar; no puedo evitar sentir el dolor, ni la agonía y tristeza que estos 9 días he llevado conmigo. Es absurdo no respirar. Necesito respirar aunque me ahogue. Es necesario enfrentar mente y corazón en un mismo círculo >>.

Me acuerdo de ti. Voy a morir pensando en ti, pero lo más importante sabiendo que tú también piensas en mí. Ahora me siento más tranquila porque… Ah! Ya lo entiendo. Por fin lo he entendido. Ahora comprendo todo. La frase….era yo tu respiración desde el principio, pero evitabas herirte por mi ausencia. Lo siento, siento no haberlo visto. Fui tonta. 





Angie R.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Cámara desechable

Con un solo click capturé la imagen más bella de la historia. Su sonrisa.
La historia no requiere un final, sino un comienzo de algo que no puede acabar. Decidí irme a Noruega - me encanta la nieve, desde que tenía 8 años- para realizarme profesionalmente en mi adorable trabajo. Sujeto una cámara, pulso un botón- “tic tac”- luego repito la misma acción durante horas.
“En ningún momento de mi vida pensé que algo tan simple pudiese ser tan complejo. Remedar su rostro sería algo complicado para mí. No es nada especial, casualmente quizá sea lo más escueto que haya visto. Pero no todo requiere un sentido fácil; todo lo simple llega al corazón, de la manera más violenta, hasta sentir latir tu alma por unos segundos….”
Recorriendo los mares del norte, rebeldes y tirantes atraqué en el país – Puerto de Kirkenes,Finmark- con la ilusión en las nubes.
Todo en el pueblo tenía encanto, desde la gente hasta el olor. Mi tiempo merecería perderlo con una cámara entre las manos. Los primeros días los pasé observando todo el paisaje en su conjunto y comprendí su vida algo que, para mí, me costaría asimilar.
Extrañas apariencias abordaban las calles del centro, y digo extrañas porque me parecían provocativas. Seguí esos cuerpos, sombras sigilosas, hasta que llegué a una playa desértica. El color del paisaje provocaba en mí una ansiosa personalidad. Tenía que capturar lo que estaba viendo. Había algo cerca de mi entorno que me violaba sin dar detalle.
“Cuando atravesaba los callejones podía sentir su perfume el aire que me acompañaba. Corría, corría y mi sonrisa se congelaba en momentos temporales. Lloraba por sentir quemar el aire que me rodeaba; estaba llegando…”
Y la vi. Justo en frente. La vi. Su sonrisa, oh, su sonrisa. Su dulce contraste con la naturaleza, su perfecta silueta en la orilla. Fotografiaba su presencia porque tan solo era cuestión de segundos que no la volviera a ver. Entonces aparté la cámara de mi cara. Aunque los ojos me escociesen, no podía pestañear. Era ese momento, el único momento por el cual no debía perder detalle. Fui tras ella, llegando casi a sentir su tez, respirando su respiración, sintiéndome un diminuto hombre frente a algo tan ilustre. Pero cuando pestañeé me sentí húmedo,mojado. ¿Dónde estaba? Perdido entre las olas, recuerdo evocar mis memorias en lo más profundo del mar. Mi cuerpo se sumergía lentamente.


“Lo más importante fue que el retrato visual permaneció dentro de mi hasta la muerte. Sintiéndome enamorado, sintiéndome radiante. Cerré los ojos y dibujé su sonrisa en mi boca. Así pude descansar satisfecho, pero nunca acabar la historia”.

Angie R.

miércoles, 1 de enero de 2014

Steve McCurry: la magia del artista



“Si eres paciente, la gente olvida tu cámara y deja aflorar su alma”.

Steve McCurry, conocido como el realizador fotográfico de “la niña Afgana de National Geographic”, nació en Filipinas el año 1950 y es mundialmente famoso por sus fotografías humanas realizadas alrededor del mundo, destacando como fuente principal las guerras, la pobreza, la hambruna, la tristeza…
Una gran cantidad de la población lo conoce por una de la foto más famosa del mundo fotográfico: la niña afgana. A esta niña la encontró en un campo de refugiados hace ya varios años (lo que supuso un importante soporte para su carrera).

 El nombre de la joven de  12 años es Sharbat  Gula y vivió muy cerca la Guerra de Afganistán (1978-1992). Durante la etapa en que Steve la descubrió, Sharbat huía de Afganistán dirección a Pakistán.

Steve McCurry Estudió en la Universidad Estatal de las Artes y Arquitectura en Pensilvani. Estudio fotoperiodismo y, tras estar dos años trabajando para un periódico, decidió fotografiar partes del tercer mundo conociendo costumbres, religiones, etnias diferentes…
Steve nunca supo el nombre de la afgana hasta que, 15 años después, volvió a realizar el viaje para encontrarla. En 2002 la encontró hecha una mujer de 30 años, aproximadamente. Steve realizó una fotografía de su rostros y, tras varias pruebas de reconocimiento facial del FBI y la comparación del iris de ambas fotografías (recordemos que la primera fue cuando la afgana tenía 12 años), se pudo comprobar que era la auténtica Sharbat Gula. Esta imagen dio un importante hito en el mundo fotográfico y fue portada de muchas revistas. Es decir, se hizo grandiosamente famoso.
El fotógrafo ganó numerosos premios, como la medalla de oro de Robert  Capa tras realizar un reportaje fotográfico cruzando la frontera de Pakistán y entrando en territorio Afgano, que fue controlado por los “rebeldes”.
Otros premios: Fotógrafo del año, certamen Word Press photo, premio Oliver Rebbot
Steve McCurry ha fotografiado numerosos conflictos internacionales como Beirut, Comboya, la Guerra del Golf, etc. Lo que trasmite en sus fotografías es la consecuencia de guerras y de los rostros humanos. Gracias a sus viajes escalofriantes, aparte de premios,  sus fotografías fueron vistas en grandes revistas como National Geographic, que publicó una gran mayoría de sus fotografías. Steve también ha publicado libros como The Imperial Way ( 1985), A Tibetan Pilgrimage (2003) o Steve McCrurry (2003) entre otros.


Per a concluir l’article, com a opinió meva, he volgut realitzar això per a donar a conèixer grans artites del moment, que han realitzat treballs extraordinaris arriscant la seva vida per a aportar a la societat una visió molt importat que ens hauria d’afectar a tothom, que és la pobresa, les guerres, etc. És, sense cap dubte, un fotògraf per exel.lència que ha sabut arribar al cim, espiritualment i professionalment. Vos demanaria que vos interesséssiu per l’art en general, perquè ja que tenim una política que no té present els esforços humans, noltros hem de mantenir encesa la llum d’aquest estudi tan important com altres estudis. 

Angie Ramón.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Mi viaje. Parte 1



Ya. Ya no había vuelta atrás. Estaba en el avión dirección Madrid.
Arrancaron los motores, la puerta se cerró y la gente comenzaba a relajarse, cerrando los ojos y estirando las piernas. Yo iba con mi padre, en la fila 14, asientos B y C. Observé por la ventana el paisaje. Era un día claro, caluroso. Veía a los técnicos aburridos, como si estuvieran en una espiral sin salida. En poco más de 2 minutos el avión se alzó y dejó de tocar el suelo. Ahora el paisaje era bonito porque veía montañas, casas en miniatura, mil coches en la autopista e incluso veía el mar. 
Eran las 12.36 am de un 28 de Agosto. El aeropuerto de Madrid, Barajas, estaba repleto de gente, pues aprovecharían para ir de vacaciones con sus familias, con sus mujeres o amantes. Mi padre y yo decidimos comer algo porque el próximo avión, con destino Nueva York, salía a las 16.30 pm. 
Yo, caprichosa, quería comer en "Burger King" porque sí. Mi padre me dio el honor y nos fuimos para allá. 
No recuerdo lo que comí; solo sé que estaba delicioso. 
Mientras hacíamos tiempo, vimos a unos cuantos "celebrities", lo que no recuerdo quiénes eran. Es lo que hay. 
La cola para ir a Nueva York era larga. Sin embargo, el tiempo pasó muy rápido. Había un conjunto de personas que formaban la "Seguridad", y nos pidieron un bloque de papeles que debíamos presentar antes de embarcarnos a otro continente. Típico. Y de nuevo, ya no había vuelta atrás. Estaba en el avión dirección Nueva York (Manhattan). 
Sentía entre nervios y deseos de llegar, pues era el viaje que desde años esperaba. Recuerdo el avión: amplio, con tres filas, cuatro divisiones y separadas por cortinas, “miniteles” en los asientos, mantas, cojines, cascos para escuchar música/películas, pasillos amplios, cuatro baños, mucha gente, comodidad, ventanas,... 
Despegamos al instante y me despedí de España desde las nubes. Las horas pasaban lentas, pero con las películas todo era más divertido. El vuelo duraba alrededor de 9 horas, por consiguiente, llegaría a Nueva York por la noche. 
Al pasar dos horas me levanté para ir al baño y cuando volví mi padre estaba durmiendo. Yo hice lo mismo, hasta que llegó la cena. Sí, la deliciosa cena de astronautas. 
El avión aterrizó con éxito. Salimos despacio, hasta que la marea de gente se fuese dispersando. Era una noche preciosa con un cielo despejado; un olor agradable y una fila interminable de gente intentando pasar el control. Nosotros dos, al tener un inglés reducido, fuimos directos al primer funcionario sudamericano y ahí estaba, metido en su caseta, viendo pasar la vida como si nada. Nos preguntó “What are you doing here?” y a continuación respondí indecisa: “Turismo”. Y pasamos el control.
Un autobús nos vino a recoger, a nosotros y a 10 personas más de nacionalidad española, evidentemente. Fue una grandiosidad ver pleno centro de Manhattan en la noche. Me acuerdo de una tienda llamada “Cherry”, lo que me atrajo el nombre pero nunca más la volví a ver. La siguiente parada era dejar a las personas del autobús en sus respectivos hoteles. Nosotros teníamos el “Pennsylvania hotel”. El “Penny”, nombre que le bauticé durante mi estancia, era un edificio de 20 plantas, cuya localización se situaba en frente del “Empire State”. Cogimos la habitación 1753 del piso 17º. Los pasillos daban pavor porque eran largos, con un verde gastado, poco luminosos, luz parpadeante y puertas viejas. Pero al entrar todo cambió: las camas de matrimonio, una televisión razonable, armarios enormes, váter enorme (supongo que el estilo americano es todo a lo grande) y, sobretodo, las mejores vistas que podía imaginar. El “Empire State” se veía a pocos metros y veíamos una calle principal muy masificada de gente.

Sin duda, los días en esa cama iban a ser gloria. 

Angie R.


martes, 15 de octubre de 2013

O-lor


Huelo el aroma del café por la  mañana. Me despierto con tu dulce color africano que me llena las mañanas de un intenso sabor. El día es largo y la noche es corta. Te susurro mientras saboreo tu dulce olor por las mañanas...Ese olor que me vuelve loca. Sabes como atraparme.
Sigilosamente, contemplo tu curso del tiempo: cómo eres, cómo serás. Es increíble lo valioso que eres, querido, porque contigo en mi cuerpo se me pasa la monotonía más ligera y agraciada.
Veo en el reloj la hora de acabar la mañana junto a ti; de reírme ingenuamente y de mirarte sin despecho. Aligero los minutos para vestirme y prepararme antes de salir por la puerta y despedirme hasta mañana, pero encuentro que aún es pronto para dejarte escapar. No entiendo qué es lo que tienes en tu diminuto cuerpo que me regalas la respiración que me falta. Me evades a un cielo despejado, risueño y soleado, donde las cosas pasan rápido y los momentos despacio.
Eres ese aroma gratuito de cada mañana, una monotonía agridulce, que cuidas de mí como nadie lo había hecho antes. Te encuentro en todas las esquinas, pero el momento idóneo es el encontrarte en casa cuando lo necesito.
Sensacional es la palabra apropiada para describirte.
Recuerdo la primera vez que te vi. Observé tu postura y tu silueta, junto a miles almas africanas devorando tu espacio artificial en las calles de Madrid.
Era novata y no sabía cómo entrar para llevarte y nunca más devolverte. Pensé que no estaría a tu altura; pensé que nunca te cuidaría como otras personas lo harían. Pensé muchas cosas.
Al final estás aquí, y creo que nunca te irás de mi vera.
Eres ese olor rutinaria que haces crecer el día y reducir la noche.
Huelo el aroma del café cada mañana.

Angie R.